Hace algunos años que las aulas han vivido grandes cambios, desde que llegaron avances tecnológicos, tras internet, se fueron adentrando los ordenadores en las salas, se cambiaron las pizarras con tiza y borrador por pantallas digitales táctiles o proyectores. Los libros cada vez se han quedado más atrás en este camino, los nuevos formatos ofrecen tales posibilidades que con un solo instrumento es posible tener infinidad de contenidos, a la vez, sin necesidad de estar especializados en ninguna materia.
Las nuevas tecnologías han
aportado mucho y de forma muy positiva a la forma convencional de aprendizaje. Posibilidad
de realizar multitud de tareas a la vez, el poder abrir numerosas pestañas, ofrecer
contenido fresco, actualización continua, todo gracias a la conexión red.
Compartir información, ideas y opiniones con el resto del mundo es posible, y
ello es algo enriquecedor.
Podemos dar a conocer lo que ocurre
en un aula, y que forma parte del programa de estudio de cualquier entidad de
educación, a cualquier persona que esté navegando en la web sin que tenga ninguna
relación con esta, con el simple hecho de poner un tuit. Estamos ayudando al
mundo, enriqueciéndolo, llenándolo de sabiduría, pues tenemos la opción de
poder compartir, recibir, aprender y adquirir inmensos conocimientos, más allá
de lo que abarca un libro de páginas numeradas.
La puesta en practica de cualquier
conocimiento para su aprendizaje puede expresarme de mil formas que muestran y
demuestran visualmente o de forma sonora, lo que pretende enseñarse.
Las nuevas tecnologías nos han
acercado a alcanzar más conocimientos, de forma más fácil, y a hacerlo de una
forma mucho más profunda e inclusiva a la vez que variada por la cantidad de
flujo de información que existe.


