Es una de las piezas más importantes en el área de Marketing Digital. El hecho de llevar una buena analítica digital hace posible medir los resultados con el fin de aprender y realizar mejoras atendiendo a un objetivo: maximizar los resultados.
A día de hoy no se entiende
un solo método de venta como se hacía hace años, antes de internet. Los seres
humanos estamos rodeados de tecnología y vemos miles de anuncios al día, pero
recordamos tan pocos que es difícil que las marcas causen un impacto en el
consumidor. Las marcas tienen que preocuparse por tener un producto de calidad
que realmente haga feliz al cliente. Para tener hacer esto posible, la analítica
es la mejor aliada, pues puede enfocar nuestros siguientes pasos hacia un lugar
u otro.
Sin embargo, la mayoría de las
marcas son conscientes de esta situación… pero muy pocos trabajan de manera
constante para conocer al consumidor. Cuando hablamos de conocer no sólo nos
referimos a tener datos demográficos de ellos. Nos referimos a saber qué les
gusta, a través de qué canales, en qué momento, en dónde dan clic en tu app o
sitio web, a qué página llegan, en qué página se salen, cuanto recorren de la
página, cuánto tiempo, con qué frecuencia regresan, en qué horario, qué correos
abren, qué tipo de títulos los engancha,
cuáles son los mejores días para que les mandes correos, etc. Con esto sabemos que
todas nuestras acciones digitales se quedan en el camino marcadas, lo que produce
una cantidad enorme de datos e información accesible al momento a las empresas
para llevar a cabo acciones en consonancia a lo que prefieren los usuarios.
Hay objetivos de
análisis generales, se extrae información descriptiva de un periodo de tiempo,
se explican los factores que hay detrás de los hechos, se realizan predicciones
a futuro, y se pone la mirada en la toma de decisiones.
Los datos necesitan
optimización para que funcionen, esto es algo clave. Por ello es necesaria la
validación y comprobación continua de los datos.
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